Pues hay un dicho muy friki-riojano de toda la vida, que se lo van a aplicar tanto el General como su caballo cuando desciendan del torpedestal y "empiecen a repartir hostias como panes".
Y lo tendremos merecido, koño! Por logro-frikis.
Blog de no sé muy bien qué, y aunque que el título nos haga pensar en Internet o Filosofía, nada más lejos de mi no sé qué.
A esta mujer, no le hubiera pasado lo que le ha pasado si viviera en España a partir del día del libro del año 2009, día en que fue publicada la entrada en vigor del "DB-HR Protección contra el ruido".
Por supuesto, la imagen removida en mi disco duro era ésta, la de los seminaristas echando un vibrante partido de balompié (así se decía entonces), con un San Iker de la pera bajo el palio, digo los palos.
Queriéndome documentar para trasladaros estos pensamientos, no sé si por el calor de la primavera o por las lecturas sobres exposiciones pecaminosas, he encontrado (sin rebuscar, a la primera; google es así) estas imágenes de colegas del Masats por este orden y para que mi fotógrafo más popular no me riña, los cito, Juan Colom, Isabel Muñoz (tuve una alumna que se llamaba así, pero me da que no es la misma) y Chema Madoz el cual ha compartido Amós Salvador con el santo de hoy.


Pero, como bien me han apuntado ya, nada dicen del Propósito de enmienda, así que, una vez perdonados, ya podremos volver a Pecar, Pecadooorrrres!
Fue este señor de grandes bi-oculares y en edad avanzada quien se agarró al postmoderno como a un trofeo y propuso este rascacielos neoyorquino para la ATT con su gran óculo que rompía el frontón de remate. 
Ya, ya sé que santo es más que beato, que yo soy de los tontos que hice la mili y me chupé doce añitos en Maristas y aquello del escalafón me lo sé. Pero para mí, este santo reciente (canonizado en el año 1999 por Juan Pablo II) siempre será el beato Marcelino Champagnat, fundador de los HHMM, como bien nos lo grabaron en nuestro cerebro y bordado en las batas sus hermanos sucesores. Y por eso no puedo ahora de buenas a primeras quitarle el beato aunque sea para ascenderle. 

Pero el recochineo de la maldad del torturador, es la frialdad con que ha dejado tuerto de su único ojo al edificio de Agapito, arrancándole aquel reloj que nos dio minuto a minuto la vida durante aquellos largos doce años.